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domingo, 18 de noviembre de 2012

CONSTRUIR TU FILOSOFÍA DE VIDA (I)


por  Agustín Sequera
Recientemente en una reunión entre amigos oí, sin querer, parte de una conversación entre adolescentes en la que uno de ellos explicaba cual era su filosofía de vida. Lo primero que me vino en mente fue preguntarme si, a esa edad (alrededor de los 15 años), una persona podía definir el tema con una precisión y una claridad aceptable.
    CONSTRUIR TU FILOSOFÍA DE VIDA (I)
    Esa misma noche mientras conducía camino a casa, la pregunta vino de nuevo, esta vez dirigida a mí mismo: ¿sabes cuál es tu filosofía de vida? Créanme que durante un buen tiempo mi mente quedó en blanco intentando buscar una respuesta satisfactoria a tal extremo que  restó un par de horas a las que habitualmente utilizo para dormir.

    Luego de eso, y durante varios días, estuve tratando de buscar, entre filósofos y pensadores, a qué exactamente se refería una persona cuando hablaba del tema y entre ellos conseguí en mi biblioteca un libro llamado Pregúntale a Platón de Lou Marinoff. Lou es un profesor de Filosofía del City College de Nueva York que se ha dedicado a acercar la filosofía a la vida cotidiana de personas, grupos y organizaciones de todo el mundo.

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    Según Lou, nuestro comportamiento no obedece a una sola cosa sino a la interacción de un conjunto de factores: rasgos biológicos de la personalidad, hábitos adquiridos en el transcurrir de la vida, condicionamientos de la sociedad a la que pertenecemos y las emociones del momento. Aquí entra en juego también lo que llamamosfilosofía de vida que no es más que nuestra razón, experiencia, creencias, principios y deberes.
    Todos tenemos una filosofía de vida, pero no todo el mundo es capaz de articular su filosofía con exactitud. Lo importante es determinar si la filosofía de vida actúa a nuestro favor, en contra o no lo hace en absoluto. Ciertamente cuando nos aqueja una dolencia física debemos acudir al médico, o si tenemos un problema en nuestra psique, al psicólogo, pero examinar filosóficamente nuestra propia vida no solo es posible, sino incluso aconsejable.
    Lo primero que debemos hacer es exteriorizar nuestras ideas, expresar nuestra filosofía de vida. Ver que tan bien o mal lo estamos haciendo, comparar nuestro enfoque con otros, modificarlo o mejorarlo. Hablamos de un concepto dinámico que se puede ajustar según las experiencias nuevas vividas teniendo siempre como norte, el asegurarnos que nuestra filosofía actúe a nuestro favor y no en contra.

    Inspeccionar nuestra casa filosófica, para mejorarla o renovarla, no se trata de un proyecto de un día. Requiere tiempo y esfuerzo. No puede hacerse todo en un solo momento. Para ello necesitaremos hacer uso de la vida en sí, nuestra capacidad de razonamiento, las experiencias vividas y la sabiduría filosófica acumulada con los años. Incluso, después de construida, debemos prestar atención a su mantenimiento y reparación.

    ¿Cómo hacerlo? Existe un manual de instrucciones que, a pesar de ser sencillo, exige tiempo y paciencia en su aplicación. Este manual nos conducirá a través de los Momentos Decisivos, las
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    Expectativas, el Doble vínculo, los Impulsos negativos y las Opciones sagaces. Pero ¿de qué trata todo esto? Intentemos desglosarlas una a una.


    Momentos decisivos:
    Todos experimentamos momentos en los que las circunstancias nos ponen seriamente a prueba: un accidente, una enfermedad, la ruptura de una relación, la pérdida de un ser querido, etc. Estos momentos duros ofrecen también las mejores oportunidades para efectuar avances en el crecimiento personal. En situaciones emocionales difíciles comprobamos nuestro carácter, crecemos y se iluminan los principios rectores más íntimos. Debemos realizar el siguiente ejercicio: reconocer un momento decisivo pasado en nuestra vida, preguntarnos ¿Cuál fue la idea rectora que nos permitió superarlo? Estas ideas constituyen el plano de nuestra casa filosófica.

    En una próxima entrega, seguiremos analizando cada uno de los pasos que se mencionan en el manual para lograr la construcción de nuestra casa filosófica. ¡Hasta entonces!

    Fuente: http://www.inspirulina.com/construir-tu-filosofia-de-vida.html

    lunes, 5 de noviembre de 2012

    EL LADO OSCURO DE LA VIDA


    El miedo es una emoción que se apodera de nuestra vida con una rapidez extraordinaria. Para la mayoría el miedo surge de la nada, los paraliza y les enreda en sus garras. El miedo es el gran enemigo del amor.
    Jacquess Lusseyran quién fuera escritor y político francés quedó ciego a la edad de ocho años, él escribe: "Hubo momentos en que la luz se apagó casi al punto de desaparecer. Sucedía cada vez que tenía miedo. Si en lugar de dejarme llevar por la confianza, si en lugar de arrojarme a las situaciones, vacilaba, calculaba, pensaba en el muro, la puerta entreabierta, la llave en la cerradura, o si me decía a mí mismo que todos estos objetos eran hostiles y estaban a punto de golpearme o rasguñarme, entonces, sin excepción alguna, me lastimaba o me golpeaba. La única manera de moverme con seguridad por la casa, el jardín o la playa, era pensar lo menos posible en la acción o no pensar en ella en lo absoluto. Y entonces, podía moverme entre los obstáculos como lo hacen los murciélagos. Lo que la pérdida de mis ojos no había logrado, el miedo lo hizo. El miedo me cegó".
    Tú y yo debemos temerle a la ceguera más que a nada. Qué verdadero es recordar que sólo arrojándonos sin vacilación al amor, a la aventura, a ir por los sueños es que podremos lograr nuestra vida. Por mi oficina de terapia y coaching han pasado muchas personas que no han caminado ni un centímetro más pensando en que el miedo las paraliza. Deseo que este no sea tu caso. Te invito a reflexionar un poco más mirando este corto video.

    PACIENCIA Y VALENTÍA


      Querer es poder. Esta frase ha retumbado en mi mente desde que era niña, convirtiéndose en una máxima inconsciente de todos los actos de mi vida. Por alguna razón desconocida o por simple evasión, no me había dado cuenta con auténtica sinceridad de que la paciencia tiene que ver mucho con el famoso dicho..
      La naturaleza está llena de ejemplos de paciencia en todo su esplendor. Basta con observar los gigantes robles que tardaron 25 años en adquirir esa majestuosidad que asombra, o las maravillosas montañas que nos rodean o simplemente los pequeños nidos que poquito a poquito forman los pájaros para cobijar sus crías.
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      Debe ser porque comprende que cualquier proceso lleva su tiempo, independientemente de la voluntad de quien lo observa. Pero, ¿quién dijo que los procesos son rápidos? Me comentó hace algún tiempo una amiga con quien conversaba acerca de mi impaciencia eterna. Nada más cierto.

      En estos momentos en que el país que me vio nacer está pasando por uno de los momentos más importantes de su historia, confieso abiertamente mi dificultad para mantener la calma.
      Sin embargo, al observar tanta manifestación de alegría, de esperanza hacia un cambio positivo, he decidido unirme a esa gran energía colectiva y esperar la clausura de un ciclo que se avecina en una nación en la cual la paciencia ha sido la mejor aliada.
      Así pues, en este momento en el que la calma se para frente a mí altiva y orgullosa, he decidido doblegarme ante ella y ponerla en práctica junto a mi país, porque la paciencia no camina sola, sino que va siempre acompañada de amor y de esperanza. Es como todas las virtudes, un arma poderosa para vencer la cobardía y fortalecer nuestra valentía.
      Cerraré mis ojos, respiraré profundamente y no reaccionaré. Simplemente esperaré a que la paciencia en un absoluto acto de coraje, venza las adversidades y logre con éxito su objetivo después de tanta lucha.

      Fuente: 

      domingo, 4 de noviembre de 2012

      CONSTRUIR TU FILOSOFÍA DE VIDA


        CONSTRUIR TU FILOSOFÍA DE VIDA (II)
        En el artículo anterior hablamos de que contamos con ciertas instrucciones con las que podemos construir, restaurar o mantener nuestra casa filosófica. Nombramos los Momentos decisivos, las Expectativas, el Doble vínculo, los Impulsos negativos y las Opciones sagaces. Continuemos descifrando el manual que nos permitirá construir esa casa filosófica.
        Expectativas
        Siempre guardamos expectativas sobre nosotros, los demás, sobre cosas, sobre el mundo en general. Cuantas más expectativas tenemos más riesgos tenemos de sufrir frustraciones cuando estas no se cumplen según lo esperado. ¿El consejo? Trata de que tus expectativas sean siempre pocas y realistas porque éstas te preparan para lo peor. Si lo peor ocurre no es ninguna sorpresa. Y si lo peor no llega a suceder, es motivo de celebración. No tener expectativas es aún mejor. Si reducimos nuestras expectativas sobre el futuro, es difícil que este pueda decepcionarnos. Esto no significa abandonar nuestros esfuerzos ni dejar de prestar atención. Significa no dar nada por sentado. Desprenderse de ellas despeja el terreno de tu casa filosófica.
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        Doble vínculo

        Podemos desarrollar vínculos, tanto beneficiosos como perjudiciales. En ambos casos pueden ser de dos tipos: aficiones o aversiones. Cada una de ellas puede ser normal. Por ejemplo, podemos sentir afición por una comida y aversión por otra que nos causa alergia; afición por un amigo y aversión por una persona que nos cae mal. Necesitamos de aficiones y aversiones para funcionar social y biológicamente, pero si las llevamos a los extremos pueden perjudicar nuestro funcionamiento filosófico. Las aficiones extremas producen obsesiones y las aversiones extremas, prejuicios. La mejor opción es tener vínculos positivos y evitar tener vínculos negativos. La idea es disfrutar de lo que hay cuando lo hay, pero no lamentarse cuando no lo hay ni anhelar su presencia cuando esté ausente.
        Impulsos negativos
        Las emociones negativas como el odio, el enfado, la hostilidad y el resentimiento, nos impulsan a hacer el mal y a experimentar y causar malestar. Todos, en determinado momento y en mayor o menor grado, experimentamos este tipo de sentimiento. El impulso negativo siempre es más perjudicial que beneficioso, absorberlo nos causa malestar (y puede que incluso un trastorno). Envenenar a los demás con nuestro enfado también nos envenena a nosotros mismos. La pregunta entonces es ¿Qué hacer cuando aparece? Para evitar el malestar, pasa el menor tiempo posible en las garras de los sentimientos negativos. No te tomes las cosas de modo demasiado personal. Así serás una persona más feliz y menos enfadada.
        Transforma tu energía negativa en neutra o positiva con actividades que logren disipar el enfado sin dañar a nadie. El ejercicio físico, mental, dedicarse a las artes puede ayudarte a esta transformación.
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        Opciones y decisiones

        Una filosofía de vida nos debería ayudar a tomar decisiones difíciles y elegir las opciones óptimas. Al respecto, podemos plasmar una reflexión de Margaret Mead, mencionada por Lou, que dice “Esta posibilidad de elegir, el reconocimiento de muchas formas de vida posible, cuando otras civilizaciones solo han reconocido una, debe considerarse el principal de nuestros triunfos”.