sábado, 10 de noviembre de 2012

LOS BENEFICIOS DE COMPARTIR LA CRIANZA DE LOS HIJOS


por  Daniel Duque
    LOS BENEFICIOS DE COMPARTIR LA CRIANZA DE LOS HIJOS
    En la crianza de los hijos, los padres imparten las enseñanzas que creen que se deben desarrollar en la vida.
    Es enriquecedor compartir las tareas que el niño demanda para así influenciar positivamente en su desempeño general.
    Estudios de diversas universidades demuestran que los niños criados por varios adultos interesados en ellos (háblese de abuelos, tíos, niñeras, maestras jardineras, etc.), desarrollan personalidades más estables. En contraste, los niños criados en una familia nuclear (en la que sólo los padres comparten las responsabilidades), tienen menos modelos de resolución de conflictos a seguir.
    Mientras más opciones tengan los niños, más oportunidad tienen de ampliar su repertorio de comportamientos posibles, eso los ayuda a madurar.
    Cuando criar a un hijo cae sobre los hombros de una persona muchas veces se siente atrapada, aislada, y hasta podría sentirse frustrada. Sufre de nostalgia por la diversión, la libertad y la falta de contacto con otros adultos. Por ello, podría acumular resentimientos en contra de sus hijos.
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    En nuestra generación la mayoría de las familias tienen menos hijos, así que no ocurre lo que pasaba antes en las familias múltiples de 6 o más hijos que los hermanos se cuidaban entre sí, y que tenían que compartir los espacios, las cosas, etc.

    Hoy, hay muchos hijos que reciben "todo": tienen su propia habitación llena de juguetes y televisor, y así se hacen vulnerables, y son presa fácil de la frustración cuando se encuentran con el mundo real con todas sus barreras.
    Cuando la crianza de los hijos se realiza de manera compartida, con conciencia y amor, se dan beneficios para todas las partes. En los niños, y en los padres predominan los sentimientos amorosos y se siente satisfacción por la tarea realizada.

    Fuente: http://www.inspirulina.com/los-beneficios-de-compartir-la-crianza-de-los-hijos.html

    SOLIDARIDAD Y EMPATÍA: DIVINOS TESOROS


      SOLIDARIDAD Y EMPATÍA: DIVINOS TESOROS
      Conocido por todos es el dicho "Juventud divino tesoro". Y así es: la juventud es un tesoro aunque es bueno acotar la extraordinaria frase de Pablo Picasso: "Lleva mucho tiempo llegar a ser joven". Además de la juventud, hay muchos otros tesoros que, aunque están más escondidos, encierran un inmenso valor. La solidaridad y la empatía son algunos de ellos.
      Un texto de la Organización de Estudios Iberoamericanos sobre "Educar para la solidaridad" parte de la base de que la solidaridad es una actitud, una disposición aprendida. Por ello, no necesariamente se nace solidario sino que se aprende a serlo. Ayuda mucho criarse en una familia que la practica o tener maestros que le otorguen un rol preponderante. Si hablamos de la empatía, según Daniel Goleman padre de la Inteligencia Emocional, es "considerar los sentimientos ajenos, saber cómo decir las cosas, cómo actuar y entender el punto de vista del otro".
      Ahora bien, no se puede ocultar la disonancia que existe, aunque digamos que no es cierto, entre creer que somos solidarios y empáticos y verdaderamente serlo. Sobre todo cuando nos encontramos ante una situación donde no pensamos igual o no compartimos una decisión.
      Cuando se está evaluando o tomando la decisión de emigrar, a veces, seres queridos, familia y amigos, no entienden adecuadamente cada proceso interior por el que se está pasando y caen en el error de verlo como algo desacertado o intrascendente y no como lo que realmente representa para quien explora este camino. Por ello simplifican fácilmente soluciones, muchas veces como una demostración de un análisis menos ponderado, de evitación del tema o quizás hasta de temor. Repiten como autómatas recomendaciones que han oído o leído como si fueran parte de un recetario de cocina. Y, más aún, cuando las cosas no van como se habían planificado, formulan la desafortunada pregunta de "¿por qué no lo pensaste mejor antes de tomar la decisión?". Con este comportamiento, en vez de acompañar en este tránsito a esa persona que tanto se quiere, se genera el riesgo de crear un distanciamiento que fácilmente puede transformarse en un conflicto mayor, a veces difícil de rescatar en el tiempo.
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      Al emprender una búsqueda en torno a una posible decisión migratoria lo que sobran son consejos de personas quienes, aunque no han pasado por nada que se le parezca, piensan que tienen comentarios que aportar. Por supuesto que no se puede generalizar pero lamentablemente, a veces, los que son útiles son los menos. En casos como estos la intuición y experiencia previa son las mejores compañeras. Hay un dicho inglés que reza: "Straight from the horse's mouth" que traducido literalmente sería: "Directo de la boca del caballo". Desde su origen tuvo un significado muy preciso: "implica que la información es creíble, de confianza y confiable. En la esencia, esto quiere decir que la información fue obtenida de primera mano, directa de la fuente o el origen". Utilizar filtros con la información que recibimos funciona de forma eficiente en este particular, ya que nos otorga una protección indispensable para evitar confusiones innecesarias e improductivas.

      Si bien todas las cosas que importan siempre requieren un esfuerzo y de eso no nos vamos a librar, complicarte o que alguien te complique la vida no es la solución. En el otro extremo, la simplificación no es de ninguna forma la respuesta ya que sus consecuencias son muy adversas. Si alguien de tu familia o alguien querido se encuentra en un proceso de evaluar su migración o ya ha tomado esa decisión, acompáñalo desde el afecto y el cariño que le tienes. No minimices ni simplifiques sus malestares y preocupaciones sólo porque no tienes la misma opinión o lo ves desde otra óptica. Aflora tu solidaridad y tu capacidad de ser empático. Al hacerlo, para ti también habrá una ganancia.

      Fuente: http://www.inspirulina.com/solidaridad-y-empatia-divinos-tesoros.html

      No Solo Valen Los Días Buenos


      por  Eli Bravo
        NO SOLO VALEN LOS DÍAS BUENOS

        Ilustración de José Alejandro Ovalles  jaoc28@yahoo.com


        Por muchas razones nos gustan las fantasías, entre ellas, porque nos embelesan con la ilusión de una cierta perfección. También porque en su juego de espejos nos brindan la impresión de que las cosas están mejor en otro lugar. La imagen del pasto más verde en el patio del vecino es más que una zancadilla que nos hacemos nosotros mismos, porque en realidad, hojas marchitas tenemos todos. La diferencia está en cómo las fertilizamos y podamos en el momento.

        En días recientes entrevistaba a la psicóloga chilena Pilar Sordo, quien ha descollado como una de las escritoras más exitosas en temas de pareja y familia. Una mujer que debe saber muy bien cómo manejar una relación ¿verdad? Error. No fue sino tras su divorcio que entendió a cabalidad todos los factores que entran en juego en las relaciones interpersonales, y todavía, confiesa, está encontrando respuestas.

        No es secreto: son los tiempos difíciles los que traen el aprendizaje más profundo. Esto se aplica para una persona, una familia o un país. Porque en la plenitud y la bonanza el aire fresco nos acaricia pero no siempre lo valoramos. En cambio, cuando se conoce el frío y la oscuridad esa misma brisa adquiere otra perspectiva. 

        ¿Significa esto que debemos conocer el dolor para entender mejor el gozo? La respuesta está tejida en la vida misma, que en su devenir, ofrece tanto una cosa como la otra. De nuevo, la diferencia está en qué hacemos con el momento que estamos atravesando. Si nos sumergimos allí para no sacar de nuevo la cabeza lo más seguro es que nos ahogaremos. Pero también, podemos tocar fondo y salir a flote realmente transformados.

        En el universo del bienestar abunda gente que asegura tener las claves mágicas para la felicidad. También proliferan los discursos que buscan borrar los días malos, cuando en realidad, son esos días los que brindan la oportunidad de poner en práctica nuestra voluntad, compasión y equilibrio. Todo esto forma parte de un mercadeo de la plenitud que esconde la basura bajo la alfombra, sin reconocer el valor que este “sucio” tiene para nuestro crecimiento.

        Te lo digo por experiencia propia. Los últimos meses, en los que he explorado a fondo en temas de inspiración y calidad de vida, han sido también algunos de los más complicados para mí: pérdida de entusiasmo, ligera depresión, estrés económico, irritabilidad y varias visitas al terapeuta. Pero gracias a ellos he obtenido una dimensión más rica y fascinante de mi complejidad como ser humano. Y esto me ha permitido disfrutar como nunca de los días buenos, que ahora, pasado el temporal y tras un esfuerzo activo en derivar las mejores enseñanzas, puedo decir que superan con creces los malos.

        Y es acá donde está el mensaje: si lo que buscas es evitar a toda costa el dolor y el sufrimiento, estás conduciendo a toda velocidad contra una pared. Y si piensas que hay gente que ha sido capaz de saltarse las malas experiencias para llegar a un estado de iluminación ideal, estás comprando una fantasía. 

        Lo que no mata, engorda, solíamos decir en el colegio cuando se caía el sándwich al piso y rápidamente lo levantábamos para darle un mordisco. La frase era una adaptación ramplona de las líneas del filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien decía “lo que no me mata, me hace más fuerte”.

        Y por lo general, esos días espesos que todos tenemos no serán tan fuertes como para derrumbarnos. A menos que nos quedemos atrapados en ellos y no aprovechemos la oportunidad que nos brindan para abrir los ojos y ver la luz. Que bien vale la pena.

        Fuente: http://www.inspirulina.com/no-solo-valen-los-dias-buenos.html

        viernes, 9 de noviembre de 2012

        Reeduca tu mente para sentirte mejor

        nuestro marco de referencia interno: si estamos llenas de maldad o envidia, percibiremos un ambiente teñido de amenazas. En cambio, si logramos pasar a un estado psíquico superior, podremos acomodar nuestra percepción y redirigir nuestra energía.     


        El ambiente y el sujeto parecen, a simple vista, fenómenos separados que ejercen influencia recíproca. Pero, en esencia, ambos corporifican la realidad suprema de la vida. Son, esencialmente, una sola cosa. Esta inseparabilidad nos permite comprender que el ser humano puede ejercer influencia sobre su entorno, y no tiene que vivir a merced de su ambiente impredecible y sometido al cambio incesante. 

        El Curso de Milagros (un programa de entrenamiento espiritual) nos enseña: “Todas las cosas que creo ver son reflejos de mis ideas, por eso juzgo todas las cosas cómo quiero que sean”. Por eso, el mundo que vemos refleja nuestro marco de referencia interno: las ideas predominantes, los deseos y las emociones que albergan nuestras mentes. Si observamos su funcionamiento, veremos que primero miramos en nuestro interior y decidimos qué clase de mundo queremos ver. Luego, proyectamos ese mundo afuera y hacemos que sea real para nosotros, mediante las interpretaciones que la mente realiza de lo que estamos viendo. Si nos valemos de la percepción para justificar nuestros propios errores (nuestra ira, nuestros impulsos agresivos, nuestra falta de amor en cualquier forma que se manifieste) veremos un mundo lleno de maldad, envidia, resentimiento y amenaza. 

        Tenemos que aprender a perdonar todo esto. No porque al hacerlo seamos más “buenos”, sino porque lo que vemos no es real. Distorsionamos el mundo con nuestras defensas y, por lo tanto, estamos viendo algo que no está ahí. En Oriente, la percepción se llama “ilusión” o “maya”, porque es una función del cuerpo y, por lo tanto, presupone una limitación de la conciencia. El cuerpo aparenta ser automotivado e independiente pero, en realidad, sólo responde a las limitaciones de la mente y sus creencias. 

        Cuando somos conscientes de este mecanismo de la mente, comenzamos a reeducarla. Esto significa que abandonamos un estado psíquico inferior para pasar a otro superior, es decir, logramos un crecimiento interno. A medida que esto ocurre, van cesando las perturbaciones mentales y esa energía que antes se dirigía al ego o a la personalidad inferior, ahora se relaciona con el Sí Mismo o, lo que es lo mismo, con el Yo Supremo o con nuestro Maestro Interno. 

        Comienza entonces un crecimiento que culmina en la transformación de nuestros pensamientos, de nuestros actos, que concordarán cada vez más con nuestra sabiduría interior y con nuestro profundo amor compasivo hacia todos los seres. Aunque esto parezca imposible, aprendemos a separar el ego (la personalidad inferior de la esencia pura en todos los seres). Por ejemplo: pensemos en una persona que aún no hemos podido perdonar y que nos despierta mucha ira; lo que debiéramos hacer es poder separar su personalidad inferior (con la cual no estoy de acuerdo) pero sí poder amar su esencia. De este estado mental nace un núcleo de felicidad indestructible, y ésta resuena en el mundo circundante. Este principio nos alienta a extraer nuestra naturaleza suprema innata, de manera tan sólida y firme que podamos construir una dicha interior inquebrantable, sean cuales fueren los problemas o las alegrías que nos ofrezca nuestro entorno. 

        Cada vez más personas comprenden que el mundo no se compone de elementos separados, sino de fenómenos interrelacionados. Goethe escribió sobre la naturaleza y los fenómenos de la vida: “Inevitablemente llegará el día en el que el pensamiento mecanicista y atómico desaparecerá de todas las mentes de las personas sabias, y en cambio, comenzará a verse en todos los fenómenos su dimensión dinámica y química. Cuando esto ocurra, la Divinidad de la Naturaleza viviente se desplegará ante nuestros ojos con total claridad”.   

        Graciela Meghinasso, Centro Recrearte, Fundación Filosofía y Arte para la Vida. Enseñanza de Yogaterapia y Técnicas de Relajación.
        Fuente: http://www.soysaludable.com/bienestar/6814-61reeduca-tu-mente-para-sentirte-mejor

        DE ESAS MALAS MUJERES A LAS QUE LES DEBEMOS TANTO


        DE ESAS MALAS MUJERES A LAS QUE LES DEBEMOS TANTO
        En estos días observaba de lejos una de esas épicas peleas entre la mujer "legal" y la "otra". La "legal" se dedicaba a difamar a la "otra" de todas las maneras posibles y por todas las vías disponibles acusándola de meretriz, rompe hogares y de haberle sonsacado a su pareja.
        Como esa pelea he visto un montón a lo largo de mi vida y siempre tengo el gusanillo de preguntarle a la "legal": ¿de verdad crees que la "otra" te sonsacó al marido? ¿en serio?
        Aspiraría a que la respuesta fuera un No rotundo pero asombrosamente la mayoría de las veces escucho a las mujeres muy convencidas del poder seductor de la otra quien logró con artimañas terribles, dignas de una bruja de las peores y merecedoras del castigo de la Inquisición, hacer que su pobre hombrecito cediera a sus ataques.
        Sinceramente y siendo honestas señoras, déjenme decirles que están en un terrible error, un tremendo error, un gigantesco error: ningún hombre se lo lleva otra, se van por sus propios pies sin más ni más.
        No existe ese poder mágico y oscuro que logre que una mujer obligue a un hombre en contra de su voluntad a compartir su cama ni mucho menos a responderle fisiológicamente a sus requerimientos amorosos, no una sino varias veces seguidas.
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        No hay ningún artilugio mágico que produzca el efecto por el cual un hombre enamorado llame a otra mujer que no es la suya para salir y disfrute de la salidita, los vinitos, los besitos y demás yerbas aromáticas con un profundo sentimiento de culpa que oculta muy bien.

        No hay la posibilidad de que su pareja haya sido tentado así como Adán en el paraíso terrenal por Eva y la manzana y él sumiso haya aceptado su destino cumpliendo alguna escritura ancestral.
        No es prueba de ese poder de seducción el hecho de que su pareja se hinque a sus pies y le diga: perdón mi amor, ella me manipuló porque todos sabemos que un hombre primero acepta que es un monigote a que es un infiel.
        No amigas, para nada. Lo único que es total y completamente cierto en todos los casos es que nos encontramos con un especímen del sexo masculino con una "pequeña" incapacidad para enfrentar sus relaciones maduramente. Así de simple como una caraota es la explicación.
        En mi vida me ha tocado estar casualmente en los dos lados de la moneda y con el mismo ser (digno de laboratorio). Cuando lo conocí, me encantó, me conquistó para luego enterarme de que había otra que "era buena pero no llenaba sus expectativas, no lo hacía sentir igual y blablablabla", cosa que creí y esperé a que se diera el desenlace a mi favor.
        Pasó el tiempo y al fin, era para mí sola, el Nirvana. Ibamos, veníamos, éramos tan felices que dábamos casi asco. Hablamos de matrimonio y demás y nos separamos entonces por cosas de trabajo. Al principio, cartas y llamadas todos los días, luego cada tres, luego una vez a la semana y luego... empezó a olerme mal todo.
        Una visita, dos visitas y a la tercera ya había actitudes sospechosas. Para hacer el cuento corto, un fin de año a medianoche me dijo: en un rato nos vemos y en un mes me enteré que se estaba casando. Listo, yo había ocupado el lugar de la otra en esta oportunidad.
        Lloré, chillé, me despeché, salí con el tipo más bello que se me atravesó aunque no me gustara mucho porque necesitaba sacarme esa espina pero extrañamente, no sentía nada hacia la "otra" que me había "quitado" aquella tremenda joya.
        Partiendo del hecho de que no me podía quejar mucho (yo había sido ella antes) empecé a ponerme en su lugar y me di cuenta que tenía muy poco que ver realmente en lo que había pasado. Solo había jugado un papel en un momento pero, aunque hubiera deseado con alevosía quitármelo ya él había comenzado su camino de salida cuando puso los ojos en ella.
        Entendí que lo que había fallado no era mi habilidad para retenerlo ni había triunfado la de ella para conquistarlo, lo único que no servía era él como hombre fiel a sus compromisos, con moral, con respeto por los seres con los que compartía, como ser humano maduro que enfrenta sus realidades y asume las consecuencias.
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        A partir de ese momento comencé hasta a sentir un poquito de lástima por ella, ya que lo que había ganado realmente no era el mejor de los premios y cuidado, era un castigo a la larga y yo, afortunadamente me había librado para siempre de alguien que no valía ni un suspiro y se lo debía todo a ella.

        Así que amigas, cada vez que su hombre, pareja, peor es nada se vaya con otra, no pierda su tiempo ni bilis en la otra, no señor. Dele las gracias por el favor que le hace al desenmascarar al individuo que tiene al lado, por mostrarle sus grandes fallas, por hacerle ver que su voluntad y su decisión de amar y compartir no funcionan.
        Si se topa con aquellas que son tan inocentes como usted, no la atormente. Hágale la maleta real y emocional al saliente y mándelo con lacito y todo a la calle que es donde debe estar. A la otra le tocará recoger esa perla y dormir todos los días con el temor de cambiar de rol en el momento menos pensado.
        Si le toca una de aquellas que se jacta de haberle quitado esa "maravilla apocalíptica", tómese su tiempo, hágale la lista de sus defectos y manías, llévele la ropa sucia de una para que empiece a demostrarle su amor y a vivir ese triunfo desde adentro.
        Y usted mi querida amiga, pase la página. Llame a sus mejores amigas, esas que le levantan el ego, le impiden rebajarse y la obligan a mirar al frente con valor y se toma tres botellas de vino, le lanza dardos a la foto del infeliz y brinda porque usted está dando un paso al frente con una carga menos y un poco más de autoestima y no le hace falta insultar a nadie porque sabe que si alguien ganó en este juego, es usted.

        Fuente: http://www.inspirulina.com/de-esas-malas-mujeres-a-las-que-les-debemos-tanto.html